De un momento a otro perdimos la maquinaria, la inversión y gran parte de la ilusión que habíamos construido. Parecía el final antes de haber comenzado. Sin embargo, decidimos aferrarnos a lo único que nadie podía quitarnos: las ganas de seguir adelante y el nombre de una marca en la que ya creíamos profundamente.
Volvimos a empezar desde cero.
Impulsados por la convicción de que podíamos lograrlo, ingresamos nuestro proyecto a una incubadora, conseguimos apoyos para adquirir nueva maquinaria, rentamos nuevamente un espacio de trabajo y comenzamos a formar un equipo que compartiera nuestra visión.